segunda-feira, 26 de abril de 2010

Hipatia de Clelis Martínez Maza e Raúl Manuel Ortega Librero

image Clelia Martínez Maza.fonte: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj_ZNupdkDQACBHXZMZRyrG1WG7YEd1x8x1ySACKWIOPv6_1GiP9tAhMAjGp1R7yESXRui7cBj6znIZObe2X8BQILdBYukLlAzfWlyKHfQT3zklvDgM3xsXLOUdDvszu5TIm078xFZByqs/s320/martinez+maza.jpg

 

Clelia Martínez Maza es profesora titular en el Área de Historia antigua de la Universidad de Málaga.

Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid, se doctoró en 1997 y ha ampliado sus estudios en Roma, París, Cambridge, Oxford y Harvard.

Su actividad investigadora se ha centrado en el estudio de los cultos mistéricos y sus relaciones con el cristianismo, y en la cristianización de la religiosidad pagana entre los siglos IV y VI, temas a los que ha dedicado distintos trabajos publicados en revistas especializadas y realizados en el seno de proyectos de investigación financiados por la Dirección General de Ciencia y Tecnología (DGCYT).

En el volumen Entre fenicios y visigodos, publicado por esta editorial, es autora de los capítulos dedicados ala Hispania Bajoimperial (siglo IV). Fonte: http://www.esferalibros.com/autores/autordetalle.html?autorID=526 .

"Hipatia" de Clelia Martínez Maza


(…)

Permítaseme ser pesimista y suponer que buena parte de los mismos no aportarán nada:

obras con más imaginación que datos o repetición de tópicos ya muy manidos.


No es el caso de la obra que nos ocupa.

Hay que adelantar que de las más de 360 páginas, menos de un tercio trata sobre Hipatia en sentido estricto.

(…)
Los casi dos tercios restantes corresponden a una detallada descripción de Alejandría, desde todas las perspectivas: cultural, política, socioeconómica...


(…)

Se convierte así Alejandría en un tablero de ajedrez geográfico y social:

los arrianos dominan los barrios periféricos, los nicenos el centro, los paganos Rhakotis, todos se pelean por el control de la vía Canópica y edificios públicos adyacentes...

los arrianos cuentan con los pastores del distrito periférico de Bukolia como auténticos escuadrones de asalto; los nicenos tienen los suyos propios (especial mención para los monjes); y los obispos de dicha corriente tienen en las tripulaciones de los barcos unos de sus más fieles seguidores.

Los paganos tampoco se andan con bromas:

Olimpio, en sus clases de retórica, se jacta ante sus alumnos de haber matado con sus propias manos a nueve cristianos, durante los disturbios.


Alianzas y enfrentamientos se suceden...


Otro aspecto interesante muy bien reflejado es el paganismo de la época:

la noción de Hipatia como encarnación de la Razón, por parte de autores posteriores (sobre todo del siglo XVIII en adelante), frente a la religión y el fanatismo, ha llevado a ver el paganismo como algo excesivamente identificable con los valores racionalistas contemporáneos.

Nada más lejos de la realidad.

Tenemos entre ellos (incluidos neoplatónicos) prácticas sacrificales sangrientas, creencias mágicas y rituales esotéricos de origen caldeo.

Amén de no tener empacho en tomar parte (muy) activa en los disturbios, incluso manchándose las manos de sangre (véase el citado ejemplo de Olimpio)


No es, sin embargo, el caso de Hipatia:

las fuentes de la época no nos la muestran implicada en los enfrentamientos.

De hecho, se movió en círculos intelectuales y académicos en los que convivían paganos y cristianos, lejos de cualquier división estanca.

La muerte de Hipatia es la culminación de una serie de enfrentamientos políticos y religiosos en los que había permanecido al margen.

Una muerte que siguió a la destrucción del Serapeo.

Un episodio cuya importancia ha quedado eclipsada por la muerte de la filósofa aunque, como recuerda la autora del libro, fue decisivo para dejar herido de muerte el poder pagano en la ciudad.

De hecho, Martínez Maza dedica más espacio a describir las circusntancias de la destrucción del Serapeo que el asesinato de Hipatia (bien es cierto que del primer hecho se conserva más información).

 
Hay que resaltar que la autora rechaza una interpretación que ha tenido bastante aceptación:

que los conflictos entre paganos y cristianos en Egipto tenían un componente "nacionalista"; la población autóctona veía en el cristianismo una fe con unos vínculos geográficos y culturales próximos al mundo egipcio, con la que plantar por fin cara a siglos de postración a manos de griegos y romanos.

Martínez Maza no comparte esta opinión, y muestra cómo el cristianismo alejandrino arraigó y prosperó precisamente de la mano de personajes vinculados al mundo griego.

(…)

Que probablemente quedará muy por encima de otras biografías (sospecho que la mayoría noveladas) u otras obras con planteamientos simplistas o maniqueos, que pueden empezar a chupar rueda a partir del mencionado estreno cinematográfico.

El libro incluye al final un cuadro cronológico de varias páginas de extensión, situando los principales acontencimientos y personajes de la época, una extensa bibliografía y un - siempre de agradecer - índice onomástico.

No se incluyen notas, ni al pie ni al final.

Fonte: Publicado: Dom Jul 26, 2009 5:17 pm Título del mensaje: "Hipatia" de Clelia Martínez Maza. Brigantinus BIBLIOTECARIUS. http://elbarcoceltibero.mundoforo.com/image-vp34812.html?sid=4ba33fea3e449cb202b3d7dd1e288ad8 .

Clelia Martínez Maza, Hipatia

Publicado por Mono Gramático en 18:39

Ahora, en la Hipatia de Martínez Maza nos encontramos con una obra completamente distinta.

No es una novela, sino una monografía histórica profunda, bien estructurada y documentada, pero escrita no sólo para sesudos historiadores y entendidos en la materia, sino también para una divulgación - algo culta- de lo que las novelas y el cine con la película Ágora de Alejandro Amenábar, de próximo estreno, van a popularizar.

El trabajo de Martínez Maza no resulta una monografía plagada de datos, referencias cruzadas y notas al pie de página que para eruditos están muy bien, pero para un público general enerva.

(…)

El bloque central del libro no es tanto Hipatia sino el planteamiento de la evolución del cristianismo desde una postura comprensiva a una postura represiva bajo el afán de intentar conjugar en una misma persona el poder político, militar y social con el liderazgo religioso en nombre de un obispo, un patriarca y en su momentos de los papas.

(…)

Para saber algo más sobre la autora y el libro, pues visitar esta noticia en el periódico El Sur, versión digital www.sur.es. Fonte: http://antiquitasgraecaetlatina.blogspot.com/search/label/Hipatia .

Si Hipatia de Alejandría levantara la cabeza…

Raúl Ortega

29 Marzo 2010

14:49 pm

Sobre la forja de un desafortunado mito a través de la ignorancia y el oportunismo

La política estuvo al principio, y sigue dominándolo todo aún

Amenábar: de director revelación a publicista panfletario

Las verdaderas personalidad y obra de Hipatia

 

Teón e Hipatia son, antes que otra cosa, excelentes docentes.

Dos excelsos profesores.

  

Clelia Martínez nos cuenta:

“De todos modos, a pesar de la prolífica labor desarrollada por Teón e Hipatia, lo que podemos reconstruir de sus estudios revela que, más que dedicarse a la investigación, fueron magníficos comentaristas y editores.

Ambos editaron, preservaron y enseñaron los trabajos de los grandes matemáticos, pero su aportación particular resulta especialmente valiosa sobre todo en el ámbito de la enseñanza.

De hecho, sus contribuciones están encaminadas a servir de soporte a su magisterio.

Es el propósito fundamental de los comentarios que abundan en el circuito intelectual de este periodo.

En ellos no se presenta sólo la edición de una obra antigua, con el sentido crítico que esta tarea tiene en la actualidad.

Más bien se trata de textos que no se mantienen fieles a los manuscritos originales, sino que se presentan a modo de versión simplificada para uso de los estudiantes, textos que se expurgan y en los que se incorporan comentarios anteriores, pero que también y sobre todo se actualizan, añadiendo contribuciones propias de extensión variable, diferenciadas del original.

Por este motivo, se reconocía la autoridad científica y la autoría de quien escribía, aunque el prestigio de esta labor era menor que el otorgado a la pura creación matemática.

De hecho, Teón, en tanto que prolífico autor de comentarios, no gozaba de gran consideración, y por su dedicación a estos menesteres vinculados a la enseñanza se daba por malgastada su vida.

Entre los trabajos por los que Teón adquirió cierto reconocimiento ya hemos mencionado su revisión del tratado de Euclides sobre los elementos, que se convirtió en la versión de referencia hasta finales del siglo XIX, y el que dedicó a la Syntaxis Mathematica de Ptolomeo, que permitió una aproximación más cómoda al original gracias, sobre todo, a los abundantes ejemplos de cálculo que Teón proponía a sus lectores.

Hipatia también mostró una gran preocupación por proporcionar a sus alumnos textos accesibles que les permitieran profundizar en el conocimiento de los grandes matemáticos.

La mayor parte de las fuentes documentales coinciden en presentar los trabajos de Hipatia directamente conectados con su magisterio, destinados a ser utilizados en sus enseñanzas.

Éste es el caso, por ejemplo, de su comentario a la Aritmética de Diofanto, en el que se conservan notas, observaciones e interpolaciones atribuidas a Hipatia y que tendrían una finalidad exegética extremadamente útil para sus alumnos, pues incluso hoy en día a este autor se le considera como uno de los matemáticos más difíciles de la Antigüedad.

En definitiva, las reflexiones ofrecidas por los comentaristas tardoantiguos como Teón e Hipatia, además de mostrar la alta calidad científica de sus autores, resultaron extremadamente prácticas, pues al facilitar la comprensión permitieron el uso continuado de unos textos que, de otro modo, se habrían perdido irremediablemente. y así, con frecuencia, un gran número de obras originales se han conservado a través de los comentarios o, a menudo, de traducciones del árabe, como es el caso del Almagesto.

Sus trabajos se conservaron porque en ellos se percibió un valor intrínseco.

Este predominio de los comentarios en las matemáticas alejandrinas de los siglos IV Y V frente a la invención característica del helenismo tardío resulta del todo comprensible, dado el ambiente científico de la ciudad en este periodo.

Ptolomeo no tuvo sucesor digno de su talla en el mundo tardo antiguo, y, como veremos a continuación, la escuela alejandrina se limita a comentar su obra.

La decadencia del Museo, la destrucción de las bibliotecas permiten comprender que la prioridad máxima del momento fuera la conservación del conocimiento y que la investigación quedara relegada a un segundo plano“.

Ya van regresando nuestros personajes a su verdadera dimensión histórica.

Ya se empieza a perfilar su auténtico nivel de trascendencia.

La distancia que va de un Ptolomeo a un Teón viene a ser más o menos la misma que la que hay entre Einstein y un brillante catedrático de Física de una Universidad moderna.

La controversia Galileo-Iglesia no tiene nada que ver con aquello que ocurrió con Hipatia, y no sólo por la esencia misma de los hechos, sino también porque son incomparables los pesos específicos intelectuales.

En resumen, las autorías de Teón de las que se tienen constancia son:

trece libros de comentarios a la Syntaxis Mathematica de Ptolomeo (el Almagesto), un Gran comentario en cinco libros y un Pequeño comentario en uno a las tablas también del célebre astrónomo, comentarios a los libros Datos, Óptica y Elementos de Euclides, un tratado acerca de la construcción de un astrolabio o planisferio (Sobre el pequeño astrolabio -que acabará llevando a la práctica Sinesio-), un par de poemas herméticos (dedicados al dios Aion, a Ptolomeo como iniciado, y al misterio de la relación de las estrellas con el carácter y el destino), otro par de poemas más puramente literarios, un ensayo titulado Sobre las señales y el examen de pájaros y graznidos de cuervos y otros dos sobre Sirio y la influencia de las esferas planetarias en el Nilo.

De su hija:

la colaboración en el tercer libro de comentarios de Teón al Almagesto (y quizás también en el cuarto y el noveno), posiblemente una reedición de las tablas de Ptolomeo, un comentario a la Aritmética de Diofanto, otro a las Cónicas de Apolonio, el perfeccionamiento de la ingeniería del astrolabio plano que inició su padre, y la invención de un hidrómetro.

Algunos autores también la hacen responsable de un comentario a Arquímedes y otro más a Ptolomeo, dedicado a las superficies isoperimétricas, pero parecen ser condideraciones demasiado rebuscadas.

Vemos que la especialidad científica de ambos es la Matemática, con una clara vocación hacia la Astronomía-Astrología (aún difícilmente diferenciables).

De seguro que aquellos que se habían tragado el bulo de la grandeza y la singularidad de Hipatia en la historia de las ciencias naturales y la tecnología se sentirán decepcionados ante el recuento de los objetivos hechos (aunque tengo que decir que los comentarios de Teón e Hipatia a Ptolomeo son en algunos puntos bastante agudos y sutiles).

Pero el panorama cambia si abandonamos de una vez el mito de Hipatia, la sensata racionalista ilustrada, y nos abrimos a lo que verdaderamente ella representó en primer plano, en paralelo con la fuerte inclinación hermética y teúrgica del padre:

el saber iniciático, la escuela mistérica, la magia secreta de los números pitagóricos más allá de la sobria y raquítica ecuación lógica, y la religiosidad neoplatónica que, como veremos, es indifirenciable esencialmente del mismísimo cristianismo.

Lo cual nos empieza a explicar muchas cosas.

Es en esos campos donde ella expresó su máximo esplendor, donde se movía con más gracia, y es en torno a esos contenidos (que a menudo son secretos, mayormente se transmiten de modo oral, y de los que por tanto sólo nos queda indirecta e inferida constancia) donde ella se ganó las cotas más altas de carisma y autoridad, primero que nada ante sus tan conspicuos como místicos alumnos.

Así que en Hipatia convergen dos famas que es necesario discriminar:

una universal, impuesta por su sonada muerte, que la prensa amarilla a lo largo de la Historia se ha encargado oportunistamente de tergiversar y enaltecer, y otra merecida, seguramente de ámbito más local, a través de sus grandes talentos como profesora de ciencias y, sobre todo, divulgadora y practicante del muy inspirado neoplatonismo y de la filosofía mística en general.

“La unión entre ciencia y filosofía encuentra desde luego en Hipatia un ejemplo paradigmático, y Damascio confirma que quienes transmiten los hallazgos matemáticos de Hipatia a las generaciones sucesivas saben que las matemáticas y la astronomía son simples peldaños hacia un conocimiento superior.

Y esa especial inclinación por las matemáticas y la astronomía también dejará su huella en el magisterio filosófico de Hipatia, pues sus enseñanzas se centraron en aquellos escritos que hacían referencia a la metafísica, la cosmología y la epistemología, más que en los trabajos de filosofía ética y política.

Sinesio se revela como un brillante discípulo que muestra la completa asimilación de las instrucciones de su maestra cuando en su obra Sobre el regalo enuncia que “la astronomía sirve de ascenso hacia algo aún más venerable…

Un paso ya próximo a la inefable teología.

Pues la materia se encuentra colocada bajo el feliz cuerpo del cielo, cuyo movimiento les parece a los más encumbrados filósofos que es una imitación del intelecto”. [3]

La hija y el Padre

 

Estamos obligados a plantearnos la cuestión de hasta dónde hubiera llegado el recuerdo de Hipatia si su muerte hubiese sido distinta.

Si una horda cristiana descontrolada no la hubiera linchado ¿habría honrado su memoria el fanatismo cientifista de la Ilustración, o la habría despreciado como supersticiosa, si acaso hubiera tenido noticias de ella a través de la obra de Teón y del epistolario del obispo de Ptolemaida?

Porque, como ya sabemos, es Sinesio el mejor informador que tenemos acerca de quién era ella realmente, y él nos devuelve la imagen de una mistérica, de una filósofa en el sentido que se llamaban filósofos los alquimistas.

Desde luego no de una científica racionalista tal y como hoy entendemos eso.

Acceder a la Hipatia puramente matemática sería sólo posible a través de su producción estrictamente académica, y ese es un trabajo forense hercúleo.

Primero, porque ya en el siglo X la Suda nos advierte que sus trabajos se han perdido.

Segundo, porque aún habiendo sido capaces hoy de rastrear y rescatar cierto monto, separar nítidamente el texto original del añadido por los comentaristas, y diferenciar entre sí a éstos es a menudo todo un rompecabezas.

Por ejemplo, en el Almagesto, la distinción entre la aportación de Teón y la de su hija crea disensiones entre los investigadores.

Al respecto de la a menudo indiferencible obra de uno y otra, Clelia nos dice:

“En todo caso, las obras en las que Hipatia participa estarían reflejando no tanto sus intereses personales como los de su padre, en la medida en que las aportaciones de la filósofa aparecen vinculadas a los trabajos iniciados por Teón“.

En una imagen muy gráfica, aunque demasiado simplista, podríamos decir que el espíritu de Teón está a la sombra de los grandes pensadores que le precedieron y que el de Hipatia lo está a su vez de Teón.

En realidad, al investigador psicólogico no le hace falta rastrear con lupa los escritos tardoantiguos para percatarse de cuál es la energía psíquica que crea una constelación familiar así, y ningún dato más necesita de los que ya dispone hace rato para diagnosticar con precisión qué arquetipo es el que está activado en la vida de Hipatia, conformando su carácter y su obra.

Es una potencia precisamente muy presente en la sociedad griega (por razones que expondremos luego), y es bonito decir que en honor a ello fue bautizado como prototipo atenea, la hija de Papá.

Es muy divertido el guiño que nos hace la misma Historia, al haber empujado al poeta Maurice Barrés a escribir una obrita titulada “La virgen asesinada”, donde se sube en 1888 al concurrido carro de la versión muy libre sobre las historias de nuestra querida filósofa (precisamente contando las cosas de un modo bastante similar al guión de Ágora), en la que le cambia el nombre a Hipatia por el de Atenea.

En un comentario que yo mismo hice a la obra de Shinoda Bolen, expuse mi propia versión del síndrome atenea de este modo [4]:

(…)

Considero la función intuitiva de Teón muy poderosa, más aún que su intelecto (por eso lo aprecio como a un personaje más importante que aquél que la Matemática ha sido capaz de ver en él), siendo en Hipatia la función intelectual (aquella que proyecta en su padre, y que la mantiene atada a él) más determinante de su carácter, pero no tanto que eclipse completamente a su intuición.

Siendo atenea una aristócrata académica nata, y artemisa una sacerdotisa desde el momento de nacer, Hipatia representa una mezcla de ambas, como una magnífica expresión de las dos potencias es el platonismo, su lugar por ende natural.

Mientras que Teón es, digamos, más mágico, más lunar, que su hija.

Por la misma complexión sexual de este tipo, que se mantiene a menudo en soltería y castidad al sentirse ya psicológicamente casada con el padre-animus desde niña, y porque la práctica del neoplatonismo (como toda escuela espiritual que se precie) imponía la sophrosyne (la contención instintiva, la abstinencia, a favor del autoconocimiento), se entiende perfectamente que Hipatia se mantuviera tozudamente virgen.

Todas las consideraciones feministas vertidas al respecto hasta hoy huelgan por no ser más que pura charlatanería sin fundamento.

Es más:

si de algo podemos quejarnos en Hipatia es precisamente de su escasa autonomía frente al poder que desde dentro tiene en ella la figura paterna.

Además, todo el desarrollo intelectual de que es capaz la mujer atenea contrasta con la forma dependiente, asustadiza e infantil en que suele permanecer su sentimiento, capaz a veces de enamorarse (si se lo permite) con un estilo muy ingenuo y espiritual de personajuchos de mediocre talla pero gran habilidad embaucadora, o que contengan algunos matices que a ella le animen a proyectar (supersticiosamente) su idolatrada imaginería paterna.

Aunque, como apunté arriba, a veces ese paso es necesario (y el inconsciente urde tan preciosas como efectivas tramas celestinescas para lograrlo) a la hora de escapar del padre personal, con tal de que los consiguientes decepción y divorcio no se hagan esperar demasiado.

Un tema muy polémico y delicado imbricado con todo esto es que el síndrome atenea no es raro que convoque, sincrónicamente, incidentes relacionados con los abusos masculinos.

Sobre este tema, demasiado espinoso para abordarlo aquí, invito a la lectura de los libros “Adicción a la perfección” y “Los frutos de la virginidad” de la ilustre atenea Marion Woodman.

María Dzielska dice:

“Una gran cantidad de mujeres de la Antigüedad y del primer período bizantino se dedican al estudio de la filosofía.

La era neoplatónica produce un gran número de mujeres consagradas a la filosofía“.

Cuando el paradigma de las sociedades es filosófico, y empuja a sus ciudadanos a exprimirse la cabeza en pos de las realidades más abstractas, en pos del espíritu,  el Logos Spermatikos penetra con su embriagador perfume en todas las concavidades del alma femenina de ese tiempo, convocando muchas vocaciones en su dirección.

El Logos es una manifestación del animus tan atrayente para la mujer como una fiesta de camisetas mojadas lo es para lo masculino, capaz incluso de anteponerse a la instintiva atracción femenina por la maternidad y la familia.

La filosofía, especialmente la platónica, es una efectiva máquina de incentivar feminidad de tipología atenea, por eso su prevalencia se disparó en la Grecia clásica, la helenística y con la expansión del discurso neoplatónico.

En el paradigma mitológico, religioso, medra más el carácter lunar de la tipología artemisa, y bajo la égida del cientifismo el animus queda atrapado en la forma de un amante que promete mucho y luego resulta insatisfactorio, al escindirse el principio masculino “mente” del supraordinado “espíritu”.

 

Cristianismo y Neoplatonismo.
Dos caras de la misma moneda

Sinesio como filósofo cristiano se consideraba igualmente comprometido con las propuestas de su religión como con la tradición que enseñaba Hipatia y también con las enseñanzas de Dión Crisóstomo, un sofista cínico y estoico del siglo I.

Ningún problema moral para él:

el paralelismo entre los postulados de Dión y el discurso de San Pablo es flagrante, acumulándose una evidencia más a favor de la comprensión del cristianismo como secta que medra a partir de la filosofía y la mitología helenas, no del judaísmo.

Por supuesto, es preciso tener clara antes que nada la premisa de que es Pablo de Tarso, y no Jesús de Nazareth (ese misterioso personaje), quien cimenta la fe que se extenderá por todo el mundo.

Medito en la incongruencia que en realidad es unir en un solo libro cosas tan dispares como el Antiguo y el Nuevo Testamento.

Pero era necesario subrayar lo novedoso y singular de la apuesta cristiana frente al estoicismo y el platonismo, frente al honorable pero seco alcance de lo intelectual:

un cuerpo mitológico acabado (incluida la indispensable cosmogénesis) que llenase el vacío desamparado del Olimpo en el exilio.

Ayer, hoy y siempre, cuando los dioses locales se agotan, es preciso importarlos.

El misterio de lo exótico es a menudo la clave rejuvenecedora de las religiones.

Más allá de esa necesaria incorporación allende el suelo griego, las consideraciones filosóficas y morales de la última hornada de la filosofía griega y del cristianismo son siamesas.

Despojadas ambas de sus liturgias, el arquetipo del espíritu que presentan es idéntico.

La cristiandad es la evolución de la cultura grecorromana, del paganismo.

La evolución, ojo.

Hablo de algo al margen de las intromisiones, las rupturas, las imposiciones.

La escuela platónica se impuso a las demás a partir del siglo I.

Vamos a decir por mérito propio.

Rápidamente, en un proceso completamente natural, se humedeció con magia, mitos y y teúrgia, un estilo de los cuales es el cristianismo.

Y se produjo la consustancial escisión en enseñanza esotérica, para los discípulos aventajados, y exotérica, para la plebe.

En la primera rama tenemos, por ejemplo, a los cristianos gnósticos y los neoplatónicos, imbuídos en el lema “La verdad os hará libres”.

En la segunda a los literalistas, centrados más en los asuntos sociales, en la línea que parece abrir el Sermón de la montaña.

Sí, podríamos decirlo así.

Sobre esta duplicidad en los niveles de la religión y la filosofía nos cuenta el obispo cirenaico:

“Si esto me lo consienten las leyes del ministerio sagrado que voy a desempeñar, podría ejercerlo de la siguiente manera: en privado me dedicaré a la filosofia, pero en público contaré fabulas en mis enseñanzas (aunque sin introducir cambios en lo que a cada cual se le enseñó antes, sino dejando que todos persistan en sus concepciones previas) [...]. Pues, ¿qué tiene que ver el vulgo con la filosofia? La verdad de lo divino debe ser algo inefable, la masa necesita un procedimiento distinto. Una y mil veces más diré que el sabio, de no haber absoluta necesidad, ni debe rebatir ni dejarse rebatir“.

Dzielska nos habla de los intereses esotéricos que Hipatia compartía con sus alumnos, especialmente con el obispo Sinesio:

“Tenemos así cierta idea del ambiente en el que crece Hipatia, y de los intereses -además de los estudios filosóficos- que atraen a sus alumnos. Nuestras suposiciones [...] sobre la literatura leída en su círculo se han visto recientemente corroboradas por análisis de las fuentes que se ocupan de Teón. Empapada en la tradición, la familia lee con toda seguridad la revelación de Hermes, los escritos teológicos órficos, diversos textos griegos sobre adivinación y manuales de astrología.Esos temas dejan su marca en los escritos de Sinesio.  Después de regresar a su hogar al concluir otra visita a Alejandría alrededor del 405, “inspirado por Dios mismo”, compone, de la noche a la mañana, un tratado y se lo envía inmediatamente a Hipatia para que haga la crítica (Ep. 154). Esta obra, titulada Sobre los sueños, se ocupa de la predicción del futuro, mediante una interpretación de los sueños afinada por la filosofía neoplatónica, y manifiesta un gran aprecio por la capacidad del alma humana para la adivinación:

“La superioridad de Dios sobre el hombre, y del hombre sobre los animales, procede del conocimiento:

un don que la Divinidad posee por naturaleza, pero que el ser humano puede alcanzar, con cierta plenitud, sólo mediante la adivinación“.

A este nivel se mueven Hipatia, sus amigos y sus alumnos.

Por encima de muchas diferencias, que son más perceptibles cuanto más caemos en las apariencias.

Por eso suponemos que para ella, como para Sinesio (en su tratado “Himnos” aboga de hecho por una fusión de los principios neoplatónicos y cristianos), no hay problemas en advertir que el neoplatónico predica un monoteísmo tan sólido como el cristiano, y que esa Causa primera, el Uno para unos, el Padre para otros, representa en esencia el Bien (es importante que nos demos cuenta que tanto el neoplatonismo como el cistianismo representan el paso desde el politeísmo pagano de la Grecia arcaica al monoteísmo occidental actual).

La segunda persona de la Trinidad es la misma también en ambas sectas:

el Logos.

Y la tercera, el Alma en unos, la mediadora, y para los otros (aunque con este concepto se han hecho bastante más lío), si nos basamos en la iconografía, que vale más que cien palabras y concilios, la paloma mensajera, el ángel:

lo mediador igualmente. 

Además, Hipatia gusta de un neoplatonismo reservado, porfiriano, exento de rituales y cultos, lo cual facilita aún más la armonía entre ambas tendencias.

En este estado de cosas, no es de extrañar que Hipatia sea íntima amiga y maestra de cristianos, y que Sinesio se cartee casi en los mismo amables términos con ella y con Teófilo, el obispo bajo cuyo patriarcado el Serapeo pagano fue entregado a los cristianos por el emperador Teodosio.

Por tanto, por ley transitiva, es incluso probable que la filósofa fuera amiga de él, el a veces llamado “martillo de paganos”.

En cualquier caso, la toma del Serapeo fue un egregio acontecimiento antipagano que no parece haber conmovido a Hipatia en lo más mínimo, y que no alteró un ápice su desempeño en la ciudad ni el próspero discurrir de sus enseñanzas.

Por supuesto, algunos neoplatónicos se enfrentaron intelectualmente con cristianos, como Porfirio, como también se indisponían entre ellos, así como Porfirio contra Jámblico, del mismo modo en que los cristianos se peleaban agriamente entre sí.

Recordemos:

pensar y luchar.

Pero está claro que no era éste el caso en nuestra historia.

Una vuelta de tuerca más:

Dzielska nos informa que existe una leyenda que vincula a Hipatia con algún culto cristiano, que podría ser el ortodoxo, precisamente la facción enfrentada a Cirilo, el patriarca que supuestamente la mandó matar.

Seguramente una cortina de humo más.

Quedémonos finalmente con la idea de que frente a Hipatia nos encontramos con una mujer profundamente religiosa, de un estilo afín al cristianismo, y que esgrime una actitud ante la vida que es modelo de virtud tanto neoplatónica como cristiana.

Lo cual explica sus intensas y extensas relaciones con reputados cristianos alejandrinos y la admiración mutua que parecen profesarse.

Esto es así al menos hasta la llegada de Cirilo al poder, a partir de lo cual cambia este idílico estado de cosas.

Pero no tanto que nos permita pensar que la causa de su asesinato sea la animadversión ideológica.

Tengamos en cuenta, además, que la Escuela de Filosofía alejandrina siguió abierta sin sufrir ninguna censura hasta el siglo VII, dos siglos después del fin de la filósofa.

La muerte de Hipatia

Fallecido Sinesio, las dos fuentes más serias que nos quedan para comenzar la investigación sobre el asesinato son Damascio y Sócrates.

El primero dice lo siguiente:

“Ocurrió un día que Cirilo, obispo del grupo opuesto, pasaba por delante de la casa de Hipatia y vio una gran multitud de gente y de caballos a su puerta. Había quienes llegaban, quienes se marchaban y quienes esperaban. Cuando Cirilo preguntó por el significado de aquella reunión, y los motivos del revuelo, sus criados le explicaron que era la casa de la filósofa Hipatia y que ella estaba saludándoles. Cuando Cirilo oyó esto le entró tal ataque de envidia que inmediatamente empezó a conspirar su asesinato de la manera más detestable. Porque cuando Hipatia salía de su casa como de costumbre, varios hombres bestiales, sin temor a la venganza divina ni al castigo humano, se abalanzaron de repente sobre ella, la asesinaron y cometieron un monstruoso y atroz acto contra su patria. El emperador se sintió profundamente ofendido y sin duda los asesinos habrían sido castigados de no ser porque Edesio corrompió al amigo del emperador, de manera que levantó el castigo, pero la venganza recayó sobre él y su posteridad, puesto que su sobrino tuvo que pagar con creces aquella omisión. El recuerdo de estos sucesos todavía permanece vivo entre los alejandrinos“.

Y el segundo:

“Cayó víctima de la envidia política que dominaba en aquellos tiempos. Dado que ella se había entrevistado con frecuencia con Orestes, fue acusada calumniosamente entre los cristianos de que esto era lo que impedía que Orestes se reconciliase con el obispo. Algunos de ellos, cuyo cabecilla era un maestro llamado Pedro, corrieron a toda prisa empujados por un ardor salvaje y fanático, la asaltaron cuando ella volvía a casa, la sacaron de su carro y la llevaron a la iglesia llamada de Cesarion, donde la desnudaron completamente y la mataron con trozos de cerámica. Después de descuartizar su cuerpo llevaron sus trozos a Cenarion y allí los quemaron. Este asunto constituyó un gran oprobio, no sólo para Cirilo, sino para el conjunto de la Iglesia alejandrina. Seguramente nada puede estar más lejos del espíritu de la cristiandad que el consentimiento de masacres, lucha y asuntos de esta clase. Esto ocurrió en el mes de marzo durante la Cuaresma, en el cuarto año del episcopado de Cirilo“.

(…)

La comunidad cristiana comienza su rebelión:

500 monjes abandonan sus celdas en Nitria y bajan a la ciudad a defender la postura del patriarca.

Uno de ellos, Amonio, apedrea a Orestes (no por mandato episcopal, sino de motu propio).

Es capturado por éste y torturado hasta morir.

Cirilo lo declara mártir, lo cual provoca una doble reacción entre los fieles:

unos rechazan el ungimiento por considerar que Amonio, de hecho, cometió un delito, y en otros se aviva aún más el odio contra el prefecto.

Una facción de éstos, ojo por ojo, a manera de turba enardecida ataca a Hipatia (una dama ya con alrededor de 60 años -corría el 415 o 416-), como pieza valiosa del entorno de Orestes.

Sobre por qué se elige como blanco a Hipatia hay varias versiones.

En una escalada de violencia como ésta, en realidad, no se precisa más que el simple hecho de la amistad y la camaradería para justificarla como objeto de la venganza, pero es bastante posible que Hipatia hubiera abandonado al final de su vida su neutralidad política para coagular con Orestes un partido contra el abuso de poder que representan las políticas de Cirilo, o incluso que ella hubiera tomado postura por los judíos en esta controversia al contarse entre ellos ciudadanos de los más ricos y de más alta élite, éstos con quienes Hipatia únicamente se codeaba.

Con respecto a la culpabilidad de Cirilo en los hechos, la postura más sensata parece ser la de Sócrates Escolástico:

no es culpable directo del crimen, pero lo es en tanto es el responsable de su comunidad y avivó en ella el furor asesino.

Orestes, asustado, desaparece del cargo.

Alejandría intentó pasar página, avergonzada.

Cirilo, en un sermón en el 419, acusa a los alejandrinos de tener un carácter levantisco y pendenciero.

Y en el 422 otra turba descontrolada asesina al sucesor de Orestes en el cargo:

Calisto.

Anexo:
La innata ferocidad del alejandrino (que decía Damascio)

Hesiquio relaciona la muerte de Hipatia con el asesinato de dos obispos, Jorge y Proterio, imputando todos estos crímenes a “la irreflexión innata y a la tendencia a la sedición de los alejandrinos” [5].

El historiador José Ramón Aja [6] nos cuenta así lo que ocurrió con el arriano Jorge:

“[...] todo ello hizo que la persona de Jorge fuera enormemente impopular entre la mayor parte de los alejandrinos, paganos y cristianos, y que éstos vieran con profundo malestar y mucha cólera -como habría de verse pronto – la vuelta del obispo arriano a su sede el 26 de Noviembre del año 361.

Como hace observar Allard, no pudo Jorge escoger peor momento para regresar a Alejandría, pues, efectivamente, cuatro días después Gerontio, el prefecto de Egipto, comunicaba la muerte del emperador arriano (y protector del obispo), y anunciaba la investidura de Juliano como nuevo emperador.

Como si tales noticias hubiesen sido una señal convenida, el 24 de diciembre del 361 la población de Alejandría se sublevó contra el obispo, lanzando gritos y exclamaciones amenazadoras.

Si bien en un primer momento la muchedumbre se contentó con llevarlo a prisión, al día siguiente, por la mañana, Jorge sufrió una muerte cruel a manos de la turba:

después de ser maltratado de diversas maneras, terminaron tirándole de los pies en direcciones opuestas.

Junto con él, otros dos personajes corrieron la misma suerte, el primero a causa de que había destruido un altar de sacrificios que se encontraba cercano al lugar donde él mismo había encargado construir la ceca de la ciudad, y el segundo porque en cierta ocasión, encontrándose presidiendo la construcción de una iglesia, había hecho rapar las cabezas de numerosos chiquillos, arguyendo que las melenas eran indicio de paganismo.

Cumplida la matanza, los cadáveres fueron llevados por toda la ciudad  hasta la orilla del mar:

el del obispo a lomos de un camello, el de Draconcio arrastrado con cuerdas; allí los cadáveres fueron quemados y las cenizas esparcidas en el mar, con la intención de que no pudieran ser veneradas sus reliquias ni se les pudiera erigir lugares de culto sobre sus tumbas“.

Proterio, posterior a Hipatia, linchado en el 457, sufre similar suerte.

Es muerto a puñaladas en el baptisterio de la Iglesia de San Quirino, luego descuartizado y quemado, y finalmente sus cenizas fueron esparcidas.

Nos servirá de broche de este apartado lo que Clelia Martínez escribe al respecto:

“Y es que, aun siendo distintas las circunstancias que rodean su muerte, tras el asesinato de los obispos y la filósofa se esconden las mismas pautas rituales que incluyen el desfile en procesión del cadáver, el traslado a cada uno de los distritos de la ciudad de una parte de los restos y su posterior incineración.

La reproducción del ritual muestra que Hipatia no fue víctima de una extrema violencia por circunstancias que sólo a ella atañen, sino que la crueldad de su suplicio responde a un paradigma bien constatado en la ciudad desde 250, cuando, durante las persecuciones, los cristianos fueron sometidos a una muerte de idénticas características, resultado, no de una violencia incontrolada, sino de un ritual institucionalizado para purificar la ciudad de la contaminación provocada por la presencia y la actuación de los condenados“.

Palabras finales

Pretende este artículo aportar un grano de arena más en el empeño de restaurar la memoria de Hipatia de Alejandría en los términos que en justicia le corresponden.

Devolverle su dignidad como discípula egregia de la, a mi entender, más bella y buena tradición esotérica:

la del filósofo platónico y post-helenístico, la del gnóstico.

Y rescatarla (qué sugerente metáfora) de la paradójica mofa que debe suponer para ella haberse convertido en nuestros tan locos como peligrosos tiempos en “mártir de la Ciencia”.

Aquella cuya inspiración máxima era la divina Unidad, se ha visto instrumentalizada en vida y en muerte, a lo largo de los siglos, una y otra vez, como arma arrojadiza en mitad de las más fanáticas reyertas.

Entre los poderes públicos, entre creyentes de distinta confesión, entre creyentes y no creyentes, entre mujeres y hombres…

Es cierto que a veces no hay más remedio que posicionarse.

Nadie está por encima del bien y del mal, del blanco y el negro.

Seguramente la alejandrina lo supo al final, sintiéndose obligada a abandonar su hasta entonces paradigmática imparcialidad.

Espero que este modesto e incompleto trabajo nos ayude un poco a conocer mejor qué bando defiende en realidad nuestra querida Hipatia.


Bibliografía y notas

[1] Clelia Martínez Maza - HIPATIA. Ed. La Esfera de los Libros, 2009.  
[2] María Dzielska – Hipatia de Alejandría. Ed. Siruela, 2004, 2009.
[3] Clelia Martínez, op. cit.
[4] Diosa de Ayer, Mujeres de Hoy. Ed. Disco.
[5] Clelia Martínez, op. cit.
[6] José Ramón Aja Sánchez – El linchamiento del obispo Jorge y la violencia religiosa tardorromana. Universidad de Murcia, 1991.

fonte:Raúl Manuel Ortega Librero. http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/index.php/2010/03/si-hipatia-de-alejandria-levantara-la-cabeza/#more-866

sexta-feira, 16 de abril de 2010

Hypatia fazia parte de uma escola de mistérios?

As escolas de mistérios, na Antiguidade, considerando os limites e as possibilidades da História, na maior parte das vezes, soam como ecos de uma realidade maior e mais viva que as descrições que sobreviveram, trazendo a descrença sobre a existência dessas mesmas escolas de mistérios. Na filtragem do que sobreviveu, fazer uma análise histórica é muito perigosa, pelo perigo do erro craço, pois o suposto herói pode não ser herói, e vice-versa. mas, considerando os limites e as possibilidades, pode-se fazer uma história aceitável, pelo menos. Os estudos de Hypatia no campo da geometria, da matemática, da astronomia, especialmente esta, podem indicar que Hypatia era parte de escola com influência pitagórica, em Alexandra ou Alexandria. A própria participação de Hypatia na política local poderia ser indicador de um comportamento, atitude, postura, costume, prática, princípio, fundamento, vinculado a escola de pitágoras. No entanto, as indicações, pelo próprio conteúdo da matéria, pelo próprio caráter do estudo, permitem apenas especulações frágeis, beirando a fantasia, imaginação, literatura; sem, com isso, querer depreciar, atenuar, minimizar o valor da narrativa no fazer histórico, visto que também a invenção faz parte do processo de inventar ou reinventar o passado.

O que deporia contra a hipótese de que Hypatia pertenceria a uma escola de mistérios seria sua resposta a uma suposta proposta de casamento, o que descartaria um dos princípios fundamentais da magia, no sentido persa do termo: a hierogamia; ligada aos ritos órficos; orgíacos. Nesse sentido, a devoção de Hypatia aproximar-se-ia de Orígenes, quando aotodeterminou sua própria castração a partir de uma interpretação bastante discutível da mensagem de Jesus, supostamente defendendo a auto-imputação; o que lembraria costumes budistas de autoflagelação, para apressar a roda da vida, o karma, enfim, a metempsicose, mas por outros motivos que aqueles lembrados pelos pitagóricos.

 

A idéia de família, que aparecia entre os discípulos de Hypatia, poderia indicar mais do que uma expressão afetuosa, talvez idéia de fidelidade, de virtude, de moral, de respeito, de juramento, muito parecido com o que se conhece atualmente, com perdão da palavra, com a máfia, numa visão positiva de tal organização secreta, embora criminosa, mas com gestos, sinais secretos, que a conduzem ao grupo de tantas outras organizações nos mesmos moldes, sem desconsiderar o próprio código de honra entre criminosos, algo, por vezes, desconsiderado por muitos estudantes, mais preocupados com atos criminosos infames, hediondos, desse tipo de organização criminal, do que em compreender os fundamentos dessas organizações criminosas.

A melhor palavra, talvez,  seja escola, considerando os diversos contextos da época, especialmente o contexto pedagógico intrinseco do ambiente que vivia Hypatia.

Trecho de uma carta de Senésio de Cirene , aluno de Hipátia:

"Meu coração deseja a presença de vosso divino espírito que mais do que tudo poderia adoçar minha amarga sorte. Oh! minha mãe, minha irmã, mestre e benfeitora minha! Minha alma está triste. Mata-me a lembrança de meus filhos perdidos… Quando receber notícias tuas e souber, como espero, que estás mais feliz do que eu, aliviar-se-ão pelo menos a metade de minhas dores".

Aliás, o próprio Sinesio informava que Hypatia era “autêntica mestra de los mistérios da filosofia”.

«Sinesio de Cirene, intelectual. A escola de Hypatia em Alejandría» Gerión. n.º 22.1.

http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/24683841101935943754491/022907.pdf?incr=1 .

Ao que parecia, Hypatia, ao lhe ser conferida a idéia de mãe, irmã, mestre, sugeria um compromisso moral profundo entre os participantes da escola de filosofia da qual participava Sinesio. No entanto, uma frase não prova nada e é preciso muito mais!

A maioria dos pesquisadores que até agora foram lidos não analisaram, do ponto de vista da criminologia, o assassinato de Hypatia; ficaram apenas na análise interna e externa dos documentos, o que é importante, mas não é aceitável, do ponto de vista da ciência histórica. Quais eram as motivações do crime? Eram evidentemente religiosas, pelo tipo de crime, que sugeria um sacrifício, um holocausto. Os detalhes do assassinato de Hypatia, os requintes de crueldade, os passos seguidos, a tortura, a fogueira, o ambiente em que foi decomposta, separado o seu corpo, como num açougue, a rapidez dos cortes, o desfile, a romaria, a procissão, com os restos mortais de Hypatia, tudo issso sugeria um ritual, uma catarse, purificação daqueles assassinos. isso não quer dizer que todo esquartejamento é de fundo religioso: poderia estar associado à uma tara específica; fixação mórbida; habilidade cirúrgica ou cultural com instrumentos cortantes. No entanto, considerando outros elementos associados ao crime, pode-se avencar a hípótese de crime com conteúdo religioso. Todo o encadeamento do assassinato de Hypatia sugeria também carnavalização às avessas! O belo e o feio se misturavam, em que o belo era agredido de tal maneira que parecesse feio, terrífico, tenebroso, ausência de prazer, de desejo, de morte, de Tânatos. O corte do corpo de Hypatia era o corte da separação, do despedaçamento, da destruição, atomização. Hoje, somos nós que juntamos os pedaços de Hypatia. Conseguiremos? Todo o ritual do assassinato de Hypatia sugeria um mundo de paixões, de apaixonados, de apaixonantes; embora a compaixão por Hypatia estivesse ausente, na maioria dos assassinos, pelo menos. Nesse sentido, ascetismo, mistério, ritos canibais e pitagórismo se entrelaçam, numa teia de defícil resolução. O fato de Hypatia pertencer a elite da cidade não a torna um habitante de fora de toda a cidade, especialmente porque era educadora, cuidadora, pelos relatos de seus discípulos. Mas, certamente, não fazia de Hypatia uma cínica popular: suas experências científicas sugerem resguardo, meditação, reflexão, por largas horas, e não uma pessoa que estava a disposição do povo para inventivas moralizantes, a toda hora e lugar.

Agora, qual religião estar-se-ía falando, quando se sugere que o crime foi de fundo religioso?

No caso, considerando o modus operandi dos assassinos, não se tratava de um cristianismo contra outro cristianismo, mas do cristianismo contra o paganismo, leia-se filosofia, neoplatonismo, pitagorismo. Foi em nome do cristianismo que Hypatia foi morta. Daí o sacrifício, mas não o sacrifício cristão, mas o sacrifício pagão.

“Una turba de monjes venidos de los yermos cercanos, bien adoctrinados por el obispo Cirilo –el intrigante, taimado y celoso patriarca de la ciudad que luego sería santificado por sus méritos piadosos–, asaltaron en pleno día a la prestigiosa filósofa, la golpearon brutalmente, la arrastraron hasta el interior de una iglesia, la desnudaron y, ya muerta, la descuartizaron desgarrando sus carnes con piedras cortantes, y luego quemaron sus restos en una hoguera para borrar su recuerdo. Como si ofrendaran en holocausto una víctima a un dios bárbaro en un sacrificio humano de ritual ferocidad”. (…) No niego que también su prestigio en el terreno político atrajera el odio del clero y de Cirilo, pero la misma ferocidad del asesinato indica una violencia fanática mucho más desencadenada por un furor religioso que por un maquiavélico plan para eliminar a una competidora. De todos modos sería menos importante la inescrutable motivación interior de Cirilo que el fervor fanático con el que actuaron esos cientos de monjes desenfrenados y sanguinarios. (…) Los mismos detalles del asesinato, en el que Hipatia es tratada como una víctima propiciatoria –como el rey Penteo en las Bacantes, de Eurípides– inmolada sobre o junto a un altar, descuartizada por las garras de los monjes, sin utensilios de metal ni cuchillos, sino con conchas y ladrillos aguzados, y luego arrojada al fuego a trozos, en un holocausto ritual, todo eso evoca una ferocidad religiosa y no política.

  (CARLOS GARCIA GUAL. “ EL ASESINATO DE HIPATIA: Una interpretación feminista y una ficción romántica”.Claves de Razón Práctica, Núm. 41, Abril 1994, pp. 61-64. http://valdeperrillos.com/files/pdf/hipatia.pdf ).

 

 

Penteo ante as bacantes

O mensageiro insta a seu rei a que, em vista de tais prodígios, se apresse a reconhecer a Dioniso como deus, mas Penteo não cede e prepara seu exército para matar às bacantes, no entanto vacila ante a possibilidade de que as bacantes seguam realizando prodígios e façam fugir ao exército.

Penteo sente agora curiosidade por ver com seus próprios olhos o comportamento das bacantes e Dioniso lhe indica que para poder o fazer sem perigo deverá se pôr roupas de mulher.

Vestido assim, é conduzido por Dioniso até o monte Citerón onde se acham as bacantes.

Um mensageiro relata a morte de Penteo:

Dioniso tinha alçado ao rei para que este subisse aos ramos de um abeto para observar às bacantes. Então estas últimas foram arengadas por Dioniso para que se vingassem do rei.

As bacantes arrojaram-lhe pedras e arrancaram o abeto da terra.

Penteo caiu ao solo e pediu a sua mãe Ágave que o reconhecesse e não o matasse, mas estava possuída por Dioniso; ela e o resto das bacantes, mataram e descuartizaron ao rei.

O coro de bacantes chega com Ágave a palácio, com a cabeça de Penteo. Ágave mostra aos tebanos a cabeça do que ela acha que é um animal selvagem. Depois de escutar a Cadmo, Ágave entra em razão e compreende o crime que tem cometido por causa de que ela, como Penteo, não reconheciam a Dioniso como deus.

Por último aparece Dioniso e diz que Cadmo será transformado em dragão e sua esposa Harmonía em serpente e depois de comandar um exército e devastar cidades serão conduzidos por Ares às ilhas dos Bienaventurados. Ágave e suas irmãs são desterradas. (http://pt.wikilingue.com/es/As_bacantes#Penteo_ante_as_bacantes ).

 

Citerón

De Wikipedia, a enciclopedia livre

Mapa de situação do Citerón

Citerón (grego Κιθαιρώνας) é um maciço montanhoso da zona central da Grécia]], entre o Ática ao sul, Beocia, ao norte e Mégara, muito célebre nas lendas pelas musas que aí se dizia habitavam e pelo culto a Dioniso que se rendia neste lugar. Recebeu seu nome de um rei mitológico de Platea.

O Citerón mede 16 km. Está composto principalmente de rocha caliza e atinge os 1.409 m. The range was the scene of many events in Greek mythology and was especially sacred to Dionysius. Edipo foi exposto na montanha enquanto Acteón e Penteo foram descuartizados na montanha.

Em época histórica, a montanha actuou como um telón de fundo na batalha de Platea de 479 a. C. e foi o palco de muitas escaramuzar dantes da batalha mesma. Em épocas posteriores fortificações foram construídas em Platea e Eritras quando a montanha formou a fronteira natural em disputa entre Atenas e Tebas.

O povo de Platea personificó a montanha como seu primitivo rei: "Os platenses não concieron nenhum rei excepto Asopos e Citerón dantes daquele, sustentando que o último deu seu nome à montanha, o antigo rio." (Pausanias 9.1.2).

O Citerón é o actual Elatiás.o:Κιθαιρώνας em:Kithairon

 

Acteón

De Wikipedia, a enciclopedia livre

Ficheiro:Aktation, Nordisk familjebok.png

Acteón e seus cães.

Acteón (em grego antigo]] Άκταίων Aktaiôn) era, na mitología grega, um caçador iniciado nesta arte pelo centauro Quirón, filho de Aristeo e Autónoe em Beocia, que sofreu a ira de Artemisa (Diana, no caso da romanización da lenda, por exemplo na versão de Ovidio).

Artemisa estava bañándose nua nos bosques próximos à cidade beocia de Orcómeno quando Acteón se topó com ela. Deteve-se e ficou olhando-a, fascinado por sua beleza arrebatadora. Quando o viu, Artemisa o transformou em um ciervo por seu desafortunada profanación de seus virginales mistérios, e enviou aos próprios cinquenta sabuesos de Acteón a que o matassem. Estes o fizeram pedaços e devoraram suas carnes, para depois procurar a seu amo pelo bosque, sollozando. E nessas encontraram ao centauro Quirón quem, para os consolar, construiu uma estátua de sua difunto dono.

Em outra versão da lenda, Acteón alardeó de ser melhor caçador que Artemisa, pelo que esta o transformou em um venado que foi devorado por seus próprios sabuesos.

Representação artística

Ficheiro:Actaeon Caserta.jpg

Grupo escultórico em Caserta.

Conserva-se uma crátera grega do século V a. C. (aproximadamente para o 460 a. C.) que recebe o nome de Artemisa matando a Acteón.

Também foi representado por numerosos pintores muito posteriores, como Parmigianino, Fontanellato ou Tiziano.

Influência

Em sua obra O ser e a nada, Jean Paul Sartre estabelece o que denomina complexo de Acteón, que resume como a perversión de ordem psicosexual (a mirada curiosa e lasciva) cuja sublimación desencadeia o estímulo de toda a busca. Neste sentido, adverte que se diferença do voyeur tradicional em que é a busca e não tanto o encontro o que caracteriza o complexo.

O escritor polaco nacionalizado na França]], Pierre Klossowski publica em 1956 uma breve novela chamada O banho de Diana na que reflexiona sobre a lenda.

Referências

 

ORFEU

 

As Bacantes, ofendidas com a fidelidade de Orfeu à amada desaparecida, a quem ele busca perdido em soluços de saudade, e vendo-se desdenhadas, atiraram-se contra êle numa noite santa e esquartejaram o seu corpo. Mas as Musas, a quem o músico tão fielmente servira, recolheram seus despojos e os sepultaram ao pé do Olimpo. Sua cabeça e sua lira, que haviam sido atiradas ao rio, a correnteza jogou-as na praia da Ilha de Lesbos, de onde foram piedosamente recolhidas e guardadas.http://www.jobim.com.br/colab/orfeu/orfeu_mito1.html

Pensar que a ressurreição do Cristo presta-se a um paralelo com o mito grego de Orfeu, anterior àquele, é consagrar, na aproximação, o estatuto de mistério do discurso religioso e a simbologia da morte como acesso ao reino do espírito, por um lado, ou a um rito de passagem e iniciação. Tendo passado desapercebido – ou quiçá propositalmente esquecido - pelo classicismo teatral, a semelhança com a narrativa bíblica pode tornar-se a referência mais evidente entre nós ao orfismo, que figurou na Antigüidade como uma das três tradições religiosas e lendárias, ou seja, como o conjunto de seitas ligadas ao ascetismo e ao mistério, sendo as outras duas as dionisíacas (de ritos canibais) e as ptagóricas (praticadas pelas elites).http://www.filologia.org.br/anais/anais%20III%20CNLF%2007.html

domingo, 11 de abril de 2010

Ipazia

(GR)

« ὅταν βλέπω σε, προσκυνῶ, καὶ τους λόγους.
τῆς παρθένου τὸν οἶκον ἀστρῷον βλέπων
εἰς οὐρανὸν γάρ ἐστι σοῦ τὰ πράγματα,
Yπατία σεμνή, τῶν λόγων εὐμορφία,
ἄχραντον ἄστρον τῆς σοφῆς παιδεύσεως.  »

(IT)

« Quando ti vedo mi prostro davanti a te e alle tue parole,
vedendo la casa astrale della Vergine,
infatti verso il cielo è rivolto ogni tuo atto
Ipazia sacra, bellezza delle parole,
astro incontaminato della sapiente cultura.  »

(Pallada, Antologia Palatina, IX, 400 )

Hypatia portrait.png

Ipazia di Alessandria, illustrazione del 1908 .

 

Ipazia (greco: Ὑπατία, latino: Hypatia; Alessandria d'Egitto, circa 370 – Alessandria d'Egitto, marzo 415) è stata una matematica, astronoma e filosofa greca. Seguace della filosofia neo-platonica, la sua uccisione da parte di monaci cristiani[1] l'ha resa una martire del Paganesimo[2] e della libertà di pensiero[3].

Indice

 

 

Biografia

 

Astronoma e matematica

Ipazia nacque ad Alessandria[4] nella seconda metà del IV secolo.

Non è possibile stabilire con maggiore precisione l’anno della sua nascita:

il lessico Suda sostiene che ella «fiorì durante il regno d’Arcadio»[5], ossia dal 395 al 408, che comporterebbe una data di nascita oscillante dal 355 al 368[6], anche se la maggior parte degli studiosi crede di poter indicare la sua nascita intorno al 370[7].

Nulla si sa della madre e il fatto che i saluti rivolti a Ipazia e agli altri famigliari nelle lettere del suo allievo Sinesio non la citino mai, fa ritenere che, almeno nel 402, ella fosse già morta[8].

Si sa di un fratello di nome Epifanio, dedicatario sia del Piccolo commentario alle Tavole facili di Tolomeo[9], che del IV libro dei Commentaria a Tolomeo[10], del padre Teone.

Dubbia è la possibilità che avesse un altro fratello di nome Atanasio; nelle lettere in cui Sinesio saluta Ipazia:

«Abbraccia per me la venerabilissima e piissima filosofa, il beato coro che gode della divina voce, ma soprattutto il beatissimo padre Teotecno e il compagno nostro Atanasio»[11] e «stammi bene e salutami i compagni felici, cominciando dal padre Teotecno e dal fratello Atanasio»[12], l’ipotesi che Teotecno - Teone è effettivamente il diminutivo di Teotecno - e Atanasio indichino rispettivamente il padre e il fratello di Ipazia[13], non ha la maggioranza dei consensi dei commentatori[14].

Noto è invece il padre, «Teone, il geometra, il filosofo d’Alessandria»[15], che studiava e insegnava ad Alessandria, dedicandosi in particolare alla matematica e all'astronomia - osservò l'eclisse solare del 15 giugno 364 e quella lunare del 26 novembre - e che sarebbe vissuto almeno per tutto il regno di Teodosio (378-395)[16].

Che Ipazia sia stata allieva prima e collaboratrice del padre poi è attestato dallo stesso Teone il quale, in capo al III libro del suo commento al Sistema matematico di Tolomeo[17], scrive che l'edizione è stata «controllata dalla filosofa Ipazia, mia figlia».

Non è chiaro il tipo di controllo esercitato da Ipazia: se si sia trattato di una semplice revisione del commento paterno[18], di integrazioni al testo[19], ovvero di editare l'intero testo di Tolomeo[20].

Presunto ritratto di Ipazia,[senza fonte] particolare de La scuola di Atene di Raffaello .

 

Le fonti antiche sono concordi nel rilevare come non solo Ipazia fosse stata istruita dal padre nella matematica ma, sostiene Filostorgio, anche che «ella divenne molto migliore del maestro, particolarmente nell’astronomia e che, infine, sia stata ella stessa maestra di molti nelle scienze matematiche»[21].

Filostorgio non è soltanto una storico della Chiesa, ma anche un appassionato, se non un esperto, di astronomia e di astrologia[22], e le sue affermazioni trovano conferma in Damascio il quale scrive che Ipazia «fu di natura più nobile del padre, non si accontentò del sapere che viene dalle scienze matematiche alle quali lui l'aveva introdotta, ma non senza altezza d'animo si dedicò anche alle altre scienze filosofiche»[23].

Matematica, astronoma e filosofa, come aveva già attestato il padre: Ipazia aveva tutti i titoli per succedere al padre nell'insegnamento di queste discipline nella comunità alessandrina, nella tradizione del glorioso Museo fondato quasi 700 anni prima da Tolomeo I Soter.

Anche se il vecchio Museo non esisteva più da quando andò distrutto al tempo della guerra condotta da Aureliano, la tradizione dell'insegnamento delle scienze mediche e matematica era però continuata ad Alessandria, mantenendo intatto l'antico prestigio, come conferma anche Ammiano Marcellino[24], e Ipazia, già almeno dal 393 era a capo della scuola alessandrina, come ricorda Sinesio[25], giunto ad Alessandria da Cirene per seguirvi i suoi corsi.

Le fonti antiche le attribuiscono sicuramente un commentario a un'opera di Diofanto di Alessandria, che dovrebbe essere, secondo gli interpreti, l'Arithmetica, e un commentario alle Coniche di Apollonio di Perga.

È dubbio se ella abbia composto anche un'opera originale sull'astronomia, un Canone astronomico: la notizia di Suda[26] - «scrisse un commentario a Diofanto, il Canone astronomico, un commentario alle Coniche di Apollonio» - non permette di comprendere se quel canone sia in realtà un commento a un'opera di Tolomeo, possibilmente quella già nota e citata dallo stesso padre Teone.

La mancanza di ogni suo scritto rende problematico stabilire il contributo effettivo da lei prodotto al progresso del sapere matematico e astronomico della scuola di Alessandria:

a dire del Kline, quella scuola «possedeva l'insolita combinazione di interessi teorici e interessi pratici che doveva rivelarsi così feconda un migliaio di anni più tardi.

Fino agli ultimi secoli della sua esistenza godette di piena libertà di pensiero che è un altro degli elementi essenziali per il fiorire di una cultura e fece compiere importanti passi avanti in numerosi campi che dovevano diventare fondamentali nel Rinascimento:

la geometria quantitativa piana e solida, la trigonometria, l'algebra, il calcolo infinitesimale e l'astronomia». [27]

Astrolabio d'argento dell'XI secolo.

Progressi sulle conoscenze ereditate fino ad allora sono rivendicate dall'allievo di Ipazia, Sinesio, che nel 399 scriveva che Ipparco, Tolomeo e i successivi astronomi «lavorarono su mere ipotesi, perché le più importanti questioni non erano state ancora risolte e la geometria era ancora ai suoi primi vagiti»: ora si è ottenuto di «perfezionarne l'elaborazione».

E Sinesio fornisce un esempio di tali perfezionamenti e dell'unione di interessi teorici e pratici dall'astrolabio da lui fatto costruire e «concepito sulla base di quanto mi insegnò la mia veneratissima maestra [...] Ipparco lo aveva intuito e fu il primo a occuparsene, ma noi, se è lecito dirlo, lo abbiamo perfezionato» mentre «lo stesso grande Tolomeo e la divina serie dei suoi successori» si erano contentati di uno strumento che servisse semplicemente da orologio notturno. [28]

Da queste parole si rileva che i matematici e gli astronomi del tempo di Ipazia non consideravano affatto l'opera di Tolomeo l'ultima e definitiva parola in fatto di conoscenza astronomica:

al contrario, essa era correttamente ritenuta una semplice ipotesi matematica, segno che per gli astronomi alessandrini era necessario proseguire le ricerche in questo campo per giungere possibilmente alla reale comprensione della natura e della disposizione dell'universo. L'idea di un Tolomeo sistematore della realtà astronomica appartiene alla più tarda epoca medievale.

Un altro strumento costruito su indicazioni di Ipazia fu un idroscopio:

«un tubo cilindrico avente la forma e la misura di un flauto.

In linea perpendicolare reca degli intagli, a mezzo dei quali misuriamo il peso dei liquidi.

Da una delle estremità è otturato da un cono fissato strettamente al tubo, in modo che unica sia la base di entrambi.

È questo il cosiddetto barillio.

Quando s'immerge il tubo nell'acqua, esso rimane eretto e si ha in tal modo la possibilità di contare gli intagli, i quali danno l'indicazione del peso». [29]

La filosofia di Ipazia

Averroè e Porfirio, XIV secolo.

Analoghe difficoltà presenta la ricostruzione del pensiero filosofico di Ipazia.

In assenza di opere autografe e di riferimenti espliciti occorre fare ancora riferimento agli scritti del suo allievo Sinesio.

Christian Lacombrade [30] dopo aver analizzato le caratteristiche degli scritti del giovane Sinesio, fondatamente influenzati dal suo soggiorno alla scuola d'Alessandria, afferma che quei primi testi «hanno necessariamente registrato, con modifiche minori che in seguito, il pensiero di quei venerati maestri che Ipazia rivelava nell'élite dei suoi discepoli», concludendone che nell'insegnamento di Ipazia il posto d'onore sarebbe stato tenuto da Porfirio, mentre minore rilievo vi avrebbe avuto Giamblico, sottolineando che Ipazia avrebbe soltanto illustrato il pensiero neoplatonico, senza elevarsi «a una concezione generale del mondo, non ha creato, come qualsiasi autentico filosofo, nessun sistema originale». [31]

Resta il fatto che Sinesio rimase devotissimo alla sua maestra per tutta la vita, un atteggiamento che sembra dimostrare che egli avrebbe ascoltato ad Alessandria molto più di una semplice esposizione del pensiero di alcuni filosofi:

«Sinesio sembra aver sperimentato alla scuola d'Ipazia un'autentica conversione alla filosofia. Nei suoi Inni egli si rivela poeta metafisico di intuito religioso di notevole profondità.

Inoltre egli, come dimostrano le sue lettere a Ipazia e ad altri, fece parte per tutta la vita di un circolo di iniziati alessandrini, con i quali condivise i misteri della filosofia». [32]

Ipazia gli avrebbe insegnato a considerare la filosofia «uno stile di vita, una costante, religiosa e disciplinata ricerca della verità». [33]

Sinesio frequentò sia la scuola di Alessandria che quella di Atene, ma «l'Atene di oggi» - scrisse al fratello Evozio - «non ha nulla di eccelso a parte i nomi delle località [...] al giorno d'oggi l'Egitto tiene desta la mente avendo ricevuti i semi di sapienza da Ipazia.

Atene, al contrario, che fu un tempo la sede dei sapienti, viene ora onorata solo dagli apicultori». [34]

Porfirio e Plotino.

A opinione del Garzya, la filosofia di Plotino fu accolta da Sinesio nell'intepretazione alessandrina - in un processo «nel quale dovette avere parte non piccola Ipazia, anche se ci sfuggono i termini» - che si distingueva sia dal neoplatonismo orientaleggiante, «in nome di un certo razionalismo», che dal neoplatonismo polemicamente anticristiano della scuola ateniese, «in nome d'una certa neutralità nei confronti del cristianesimo». [35]

È allora possibile che non vi sia mai stato, nel tempo, un distacco di Sinesio dagli insegnamenti di Ipazia, conformemente «alla tradizione platonica che mostra di avere alla sua radice la relazione maestro-allievo fra Socrate e Platone» [36] e che sia pertanto individuabile in tutte le opere filosofiche di Sinesio, se non la lettera, almeno la traccia costante dell'insegnamento di Ipazia.

Nell'opuscolo Dione, così intitolato dal nome del sofista Dione di Prusa, Sinesio delinea il rapporto esistente tra filosofia e letteraratura, esprimendo così anche i propri personali interessi culturali. [37]

Lo inviò a Ipazia nel 405, chiedendole un giudizio prima di una eventuale pubblicazione:

«Se tu ritieni che lo scritto debba essere pubblicato, lo destinerò tanto ai retori quanto ai filosofi:

agli uni recherà diletto, agli altri profitto, sempre che non venga respinto da te che hai la facoltà del giudizio». [38]

La filosofia è l'unità delle conoscenze, «la scienza delle scienze», ma è anche il mezzo con il quale l'uomo comunica tanto con i suoi simili che col dio:

non si tratta, pertanto, di una comunicazione mistica o fondata su pratiche magiche, bensì razionale e tipica dell'uomo, il quale non è infatti «un puro spirito, ma uno spirito calato nell'anima di un essere vivente». [39]

Lo stesso Dione di Prusa fu nella realtà un uomo come tanti altri, di media cultura e capacità, un oratore che però, una volta dedicatosi, seppur tardi, alla filosofia, «si applicò a educare gli uomini, fossero re o semplici cittadini, singoli o gruppi», abbandonando ogni retorica e ogni ricerca del successo personale nell'esclusivo interesse dell'educazione dei propri simili:

e lo stesso aveva fatto Socrate, filosofo ben più grande, che mise a disposizione la propria sapienza a chiunque volesse indirizzarsi alla conoscenza e al bene.

A capo della scuola di Alessandria

Ipazia «era giunta a tanta cultura da superare di molto tutti i filosofi del suo tempo, a succedere nella scuola platonica riportata in vita da Plotino e a spiegare a chi lo desiderava tutte le scienze filosofiche.

Per questo motivo accorrevano da lei da ogni parte tutti coloro che desideravano pensare in modo filosofico». [40]

In questo passo, Socrate Scolastico, scrivendo intorno al 440, indica che ad Alessandria l'unica erede del platonismo interpretato da Plotino era stata Ipazia:

diversamente, Ierocle, alessandrino di nascita ma formatosi ad Atene nella scuola del neoplatonico Plutarco (350-430), indica nel suo maestro l'erede della filosofia platonica in una successione che procede da Ammonio Sacca e, attraverso Origene, Plotino, Porfirio e Giamblico, giunge a Plutarco di Atene. [41]

Analoga è la successione dei maestri neoplatonici indicata dal più tardo Proclo, anch'egli membro della scuola d'Atene. [42]

Plotino e i suoi discepoli

Tale diversità si può spiegare con la volontà di «mostrare che i soli veri eredi di Platone e di Plotino erano gli aderenti della teurgia giamblichea.

Questo comportò la più completa omissione dei neoplatonici alessandrini da Ipazia a Sinesio in poi». [43]

Se pertanto si ammette la correttezza della successione delineata da Socrate Scolastico, ne deriva che Ipazia escluse dal suo insegnamento della filosofia neoplatonica la corrente magico-teurgica, indifferente, quando non ostile al cristianesimo, inaugurata da Giamblico e continuata nella scuola ateniese, per ricondurla alle fonti di Platone attraverso la mediazione di Plotino.

Resta da capire il senso preciso di quel «succedere nella scuola platonica riportata in vita da Plotino»:

se cioè ella abbia «occupato la cattedra di filosofia platonica nella città del padre», [44] svolgendovi la funzione del mero insegnante delle storiche dottrine filosofiche, ovvero «Ipazia aderiva a un platonismo derivato da quello di Plotino», [45] o se invece, rifacendosi «a una tradizione più o meno consolidata», proponeva «un pensiero adeguato al tempo in cui si trovava a vivere e pensare». [46]

La premessa - aveva superato «di molto tutti i filosofi del suo tempo» - non dovrebbe lasciar dubbio sul fatto che ella, almeno nell'opinione di Socrate Scolastico, fosse considerata filosofa nel senso alto del termine e degna erede di Plotino.

Un'altra testimonianza proviene da Damascio, che alla fine del V secolo si stabilì ad Alessandria.

Egli scrive che Ipazia «di natura più nobile del padre, non si accontentò del sapere che viene attraverso le scienze matematiche a cui era stata introdotta da lui ma, non senza altezza d'animo, si dedicò anche alle altre scienze filosofiche.

La donna, gettandosi addosso il mantello e uscendo in mezzo alla città, spiegava pubblicamente a chiunque volesse ascoltarla Platone o Aristotele o le opere di qualsiasi altro filosofo». [47]

Risulterebbe dal passo che Ipazia, iniziato il suo percorso culturale dallo studio delle scienze matematiche - che sono, secondo lo concezione platonica, le scienze propedeutiche alla filosofia - fosse approdata alla «altre scienze filosofiche», ossia alla «vera filosofia», che raggiunge il suo culmine nella dialettica.

Ma alla «vera» filosofia, a giudizio di Damascio, Ipazia non sarebbe giunta:

egli scrive infatti che Isidoro, il maestro di Damascio, «era molto superiore a Ipazia, non solo come uomo rispetto a una donna, ma anche quale vero filosofo rispetto a una geometra». [48]

 

Rovine di Alessandria

Qui Damascio sembra rivendicare al proprio maestro e perciò, indirettamente anche a se stesso, un'alta dignità di filosofo, che risulterebbe diminuita se Ipazia, già «inferiore in quanto donna», avesse superato Isidoro nel dominio delle scienze filosofiche.

Ma esiste un'altra considerazione:

«a differenza di Ipazia, Isidoro non capiva niente di geometria», [49] essendo Isodoro sostanzialmente un retore, e pertanto il giudizio di Damascio appare in linea con la sua svalutazione della formazione filosofica basata sulle scienze matematiche anziché sulle discipline letterarie e retoriche.

Nel De dono, l'allievo di Ipazia Sinesio aveva scritto che «l'astronomia è di per se stessa una scienza di alta dignità, ma può forse servire da ascesa a qualcosa di più alto, da tramite opportuno, a mio avviso, verso l'ineffabile teologia, giacché il beato corpo del cielo ha sotto di sé la materia e il suo moto sembra essere ai sommi filosofi un'imitazione dell'intelletto.

Essa procede alle sue dimostrazioni in maniera indiscutibile e si serve della geometria e dell'aritmetica, che non sarebbe disdicevole chiamare diritto canone di verità». [50]

Se questo passo riflette legittimamente le idee dell'astronoma Ipazia, si può ritenere che ella in filosofia «non si mosse alla ricerca dell'essere e del divino attraverso un discorso retorico-dimostrativo che costruisce il vero facendo a meno dei fenomeni e dell'esperienza», [51] così che il giudizio negativo di Damascio è, in questo senso, del tutto conseguente con la sua personale visione della filosofia.

Un altro elemento che viene sottolineato dalle fonti antiche è il pubblico insegnamento esercitato da Ipazia verso chiunque volesse ascoltarla: [52]

l'immagine data di una Ipazia che insegna nelle strade sembra sottolineare un comportamento la cui audacia sembra quasi voluta, come un gesto di sfida e, a questo proposito, va rilevato che quando Ipazia comincia a insegnare, nell'ultimo decennio del IV secolo, ad Alessandria sono stati appena demoliti i templi dell'antica religione per ordine del vescovo Teofilo, una demolizione che simboleggia la volontà di distruzione di una cultura alla quale anche Ipazia appartiene e che ella è intenzionata a difendere e a diffondere.

La distruzione dei templi di Alessandria

 

 

Il vescovo Teofilo.

I cosiddetti decreti teodosiani, emessi dall'imperatore Teodosio I tra il 391 [53] e il 392, [54] avevano sancito la proibizione di ogni genere di culto pagano ed equiparato il sacrificare nei templi al delitto di lesa maestà punibile con la morte.

Socrate Scolastico sottolinea la particolare insistenza del vescovo Teofilo per ottenere dall'imperatore decreti che mettessero fine ad Alessandria ai culti dell'antica religione:

«per sollecitudine di Teofilo, l'imperatore ordinò di distruggere i templi degli elleni in Alessandria e questo avvenne per l'impegno dello stesso Teofilo». [55]

Fu risparmiato il tempio di Dioniso, che il vescovo ottenne in dono dall'imperatore, per essere trasformato in chiesa:

già da anni un altro storico edificio, il Cesareo, il tempio di Augusto, era stato trasformato in cattedrale cristiana e costituiva il luogo di celebrazione più importante della comunità cristiana.

Una particolare resistenza opposero gli elleni alla distruzione del Serapeo, il tempio più antico e prestigioso della città, «così adorno di atri con amplissimi colonnati, di statue che sembrano vive e d'opere d'arte di ogni genere, che nulla vi è sulla terra di più fastoso all'infuori del Campidoglio». [56]

Oltre al culto di Giove Serapide, vi erano celebrati i culti di Iside e delle divinità egizie e vi erano custoditi i loro «misteri».

Teofilo «fece tutto quello che era in suo potere per recare offesa ai misteri degli elleni», [57] esponendo pubblicamento per dileggio gli oggetti di culto dei templi distrutti. Il gesto provocò l'ultima resistenza degli elleni:

«sconvolti dall'insolito e insospettato evento, non poterono starsene tranquilli e tramarono tra loro una cospirazione ai danni dei cristiani; dopo aver ucciso e ferito molti di loro, occuparono il tempio di Serapide». [58]

L'imperatore stesso, da Costantinopoli, appoggiò la comunità cristiana, sollecitando gli elleni a convertirsi:

questi abbandonarono il tempio, che fu occupato dai cristiani.

Il giorno prima della sua distruzione Olimpio, l'ultimo sacerdote del Serapeo, fuggì in Italia.

Il conflitto di potere

Nessuna fonte attesta il comportamento tenuto da Ipazia durante queste drammatiche vicende, né gli eventuali rapporti intercorsi tra lei e il vescovo Teofilo.

Sappiamo che il risalto ottenuto nella città di Alessandria dalla personalità di Ipazia è immediatamente successivo a quei fatti e coincide altresì con l’affermazione, prodottasi nell’Impero orientale, del movimento politico e culturale degli elleni, sostenitori tutti della tradizionale cultura greca indipendentemente dalle singole adesioni a una particolare religione.

La loro ascesa subì un arresto con l’avvento al potere dell’Augusta Pulcheria, nel 414, per risalire, con alterna fortuna, nei decenni successivi, fino al declino avvenuto a partire dalla seconda metà del V secolo.

Il prestigio conquistato da Ipazia ad Alessandria ha una natura eminentemente culturale, ma quella sua stessa eminente cultura è la condizione dell'acquisizione, da parte di Ipazia, di un potere che non è più soltanto culturale:

è anche politico. Scrive infatti Socrate Scolastico (uno scrittore cristiano):

« Per la magnifica libertà di parola e di azione che le veniva dalla sua cultura, accedeva in modo assennato anche al cospetto dei capi della città e non era motivo di vergogna per lei lo stare in mezzo agli uomini:

infatti, a causa della sua straordinaria saggezza, tutti la rispettavano profondamente e provavano verso di lei un timore reverenziale »

(Socrate Scolastico, cit., VII, 15)

Quasi un secolo dopo, anche il filosofo Damascio riprende le sue considerazioni:

« era pronta e dialettica nei discorsi, accorta e politica nelle azioni, il resto della città a buon diritto la amava e la ossequiava grandemente, e i capi, ogni volta che si prendevano carico delle questioni pubbliche, erano soliti recarsi prima da lei, come continuava ad avvenire anche ad Atene.

Infatti, se lo stato reale della filosofia era in completa rovina, invece il suo nome sembrava ancora essere magnifico e degno di ammirazione per coloro che amministravano gli affari più importanti del governo »

(Damascio, cit., 102)

Alla morte di Teofilo nel 412 salì sul trono episcopale di Alessandria Cirillo.[59].

Secondo il resoconto di Socrate Scolastico, nel 414 avvenne un massacro di cristiani ad opera di ebrei, al quale il vescovo reagì cacciando gli ebrei da Alessandria e trasformando in chiese le sinagoghe:[60]

entrò inoltre in conflitto con il praefectus augustalis (prefetto della città), Oreste.

Questi era stato assalito da alcuni monaci che lo accusavano di essere un sanguinario.

Un monaco di nome Ammonius tirò una sasso che colpì al volto Oreste.

Il colpevole fu catturato e torturato fino alla morte, ma Cirillo fece prelevare il suo cadavere e gli tributò solenni onori funebri, attribuendogli il titolo di martire.

In questo clima di scontri e violenze avvenne l'uccisione di Ipazia, ascoltata e stimata consigliera di Oreste, ad opera di un gruppo di cristiani appartenenti alla "confraternita" dei parabolani.

La responsabilità del vescovo Cirillo nell'uccisione di Ipazia non è accertata.

All'epoca, la chiesa di Alessandria era impegnata principalmente nella lotta contro le eresie interne al cristianesimo:

era stata campione dell'ortodossia contro l'eresia ariana, mentre in quegli anni era in corso la disputa cristologica tra Cirillo e Nestorio, patriarca di Costantinopoli, risolta solo dopo la morte di quest'ultimo (con il concilio di Calcedonia del 451) con la condanna del monofisismo.

Ai riflessi di queste dispute si deve probabilmente il diverso atteggiamento delle fonti cristiane nei confronti di Cirillo (favorevole il monofisita Giovanni di Nikiu, contrari l'ariano Filostorgio e il costantinopolitano Socrate Scolastico) e di conseguenza i diversi punti di vista dei racconti dell'uccisione di Ipazia.

All'epoca dei fatti era reggente l'imperatrice Pulcheria, fervente cristiana, sorella dell'imperatore Teodosio II ancora minorenne.

L'inchiesta per l'uccisione di Ipazia si risolse in una remissione generale della pena per gli assassini e con un'ordinanza dell'imperatore riguardante i parabolani, confraternita di origine popolare che si occupava della cura degli infermi e della sepoltura dei morti, fedelissimi alla chiesa e che potevano costituire una pericolosa milizia agli ordini del vescovo.

L'ordinanza imperiale del 29 settembre 416 limitava a cinquecento il numero dei membri della confraternita e li poneva sotto l'autorità del praefectus augustalis, al quale spettava la nomina di nuovi parabolani al posto di quelli che fossero deceduti. [61]

Sarà però lo stesso Teodosio II, con l'ordinanza imperiale del 3 febbraio 418 ad affidare di nuovo al vescovo Cirillo la responsabilità sui parabolani, portando il loro numero a seicento. [62]

Uccisione di Ipazia

Secondo il contemporaneo Socrate Scolastico nel marzo del 415 un gruppo di cristiani «spinti da uno zelo fiero e bigotto», guidati da un lettore di nome Pietro, si appostarono per sorprendere Ipazia nel suo ritorno in casa:[63]

«Tiratala giù dal carro, la trascinarono fino alla chiesa che prendeva il nome da Cesario; qui, strappatale la veste, la uccisero usando dei cocci.[64]

Dopo che l'ebbero fatta a pezzi membro a membro, trasportati i brani del suo corpo nel cosiddetto Cinerone, cancellarono ogni traccia bruciandoli».[65]

Il filosofo pagano Damascio, che visse circa cento anni dopo i fatti, sostiene che l'omicidio fu progettato per invidia dal vescovo Cirillo dicendo che questi «si rose a tal punto nell'anima che tramò la sua uccisione, in modo che avvenisse il più presto possibile, un'uccisione che fu tra tutte la più empia».[66]

Anche Damascio rievoca la brutalità dell'omicidio:

«una massa enorme di uomini brutali, veramente malvagi [...] uccise la filosofa [...] e mentre ancora respirava appena, le cavarono gli occhi».[67]

L'inchiesta

Dopo l'uccisione di Ipazia fu aperta un'inchiesta.

A Costantinopoli regnava di fatto Elia Pulcheria (sorella di Teodosio II, che era ancora minorenne), vicina alle posizioni di Cirillo e come lui futura santa.

Il caso fu archiviato insieme alle precedenti uccisioni di cristiani e si stabilì solamente di porre le squadre di monaci violenti ancora presenti in Alessandria sotto la sorveglianza dell'autorità imperiale. [68]

Fama postuma

Un'interpretazione ideologica della fine cruenta di Ipazia ne fece, a partire dall' Illuminismo, una martire laica del pensiero scientifico.

Nel Settecento lo storico britannico Edward Gibbon definì la sua morte una «macchia indelebile»[69].

Ipazia fu celebrata in romanzi, poesie, opere teatrali, quadri e, nel 2009, dal film Agora del regista spagnolo Alejandro Amenábar .[70]

Note

  1. ^ Cfr. tra gli altri, Christoph Markschie e Giuliana Cavallo-Guzzo. In cammino tra due mondi: strutture del cristianesimo antico. Milano, Vita e Pensiero, 2003, pag. 19.
  2. ^ Cfr. Prometheus: rivista quadrimestrale di studi classici, vol. 4-5, 1986, pag. 108.
  3. ^ Ad es. Augusto Agabiti. Ipazia: La prima martire della libertà di Pensiero, Enrico Voghera, 1914.
  4. ^ «Ella nacque, crebbe e ricevette la sua istruzione ad Alessandria», Suda, IV 644, 3.
  5. ^ Suda, cit.
  6. ^ Robert J. Penella, When was Hypatia born?, in «Historia», XXXIII, 1984, pp. 126-128 e Gemma Beretta, Ipazia d’Alessandria, Roma 1993, p. 34 e n. 40.
  7. ^ Così, per esempio, Richard Hoche, Hypatia, die Tochter Theons, in «Philologus» 15, 1860, pp. 435-474, John M. Rist, Hypatia, in «Phoenix», 19, 1965 o Karl Praechter, Hypatia in «Real Enzyklopädie der Altertums», IX, Stuttgart 1914
  8. ^ Sinesio, Epistolae 5 e 16, in Opere di Sinesio di Cirene, Torino 1989. Le due lettere sono del 400 circa e del 413.
  9. ^ Theon, Le Petit commentare de Théon d’Alexandrie aux Tables faciles de Ptolomée, tr. da A. Tihon, Città del Vaticano 1978.
  10. ^ Theon, Commentaria in Ptolomaei syntaxin mathemathicam III-IV, Città del Vaticano 1943.
  11. ^ Epistola 5
  12. ^ Epistola 16
  13. ^ Avanzata da Gemma Beretta, cit., p. 35; Guido Bigoni, Ipazia Alessandrina, Venezia 1887, considera Teotecno il padre di Ipazia, ma ritiene che Atanasio sia un allievo della matematica alessandrina
  14. ^ Maria Dzielska, Ipazia e la sua cerchia intellettuale, in «Paganism in the Later Roman Empire and in Byzantium», Cracovia 1991, ritiene Atanasio un sofista di Alessandria, allievo di Ipazia; tuttavia anche Denis Roques, in La famille d'Hipatie (Sinésios, epp. 5 et 16), 1995 e in Theoteknos, Fils de Dieu, 1998, identifica Teotecno e Atanasio con il padre e un fratello di Ipazia, contestato da Olivier Masson, in Theoteknos, Fils de Dieu, 1997, e da Tassilo Schmitt, Die Bekehrung des Synesios von Kyrene, 2001, che nega che Atanasio sia fratello di Ipazia, non ritiene possibile che Sinesio abbia confuso Teone con il gruppo degli allievi di Ipazia e pensa che il beatissimo padre possa essere un sacerdote cristiano
  15. ^ Suda, cit.
  16. ^ Suda, II 702, 10-16
  17. ^ Codice Laurenziano 28.18 L
  18. ^ Così il Rome, curatore dell'edizione del III libro, Città del Vaticano, 1943
  19. ^ Wilbur R. Knorr, Textual Studies in Ancient and Mediaeval Geometry, Boston 1989
  20. ^ Alan Cameron, Isidore of Myletus and Hypatia: on the Editing of mathematical Texts, «Greek Roman and Byzantine Studies», 31, 1990
  21. ^ Filostorgio, Historia Ecclesiastica, VIII, 9; Fozio, Ex Ecclesiasticis Historis Philostorgi Epitome, in J. P. Migne, Patrologia Graeca, vol. LXV
  22. ^ Joseph Bidez, Einleitung zur Kirchengeschichte, CIX-CX, in «Philostorgios Kirchegeschichte», Berlin, Akademie Verlag 1981
  23. ^ Damascio, Vita Isidori, 77, 1-4
  24. ^ Res gestae XXII, 16
  25. ^ Nella lettera 137 scritta in quell'anno: Ipazia è la «donna che a buon diritto presiede ai misteri della filosofia»
  26. ^ Il Suda, IV, 644, che si rifà a una notizia di Esichio di Mileto
  27. ^ Morris Kline, Storia del pensiero matematico, I, 1999, p. 213
  28. ^ Sinesio, De dono 4. Un'analisi approfondita dello strumento è in Joseph Vogt e Matthias Schramm, Synesius vor dem Planisphaerium, in «Das Altertum und jedes neue Gute für Wolfgang Schadewaldt zum 15. März 1970», 1970. Otto Neugebauer, A history of ancient mathematical astronomy, 1975, lo definisce tuttavia «uno strumento del tutto inutile»
  29. ^ Sinesio, Epistola 15
  30. ^ Synésios de Cyrène, hellène et chrétien, 1951
  31. ^ Ivi, p. 50
  32. ^ Jay Bregman, Synesius of Cyrene. Philosopher Bishop, 1982, p. 19
  33. ^ Ivi, p. 28
  34. ^ Epistola 136
  35. ^ Antonio Garzya, Introduzione alle «Opere di Sinesio di Cirene», 1989, p. 32
  36. ^ Gemma Beretta, Ipazia di Alessandria, 1993, p. 66
  37. ^ Un'analisi dell'opera, relativamente all'interesse che riveste nella storia dell'autobiografia, è in Georg Misch, Geschichte der Autobiographie, Frankfurt a. M., Schulte Bulmke 1950
  38. ^ Epistola 154
  39. ^ Dione 6
  40. ^ Socrate Scolastico, Storia Ecclesiastica VII, 15: «Ἐπὶ τοσοῦτον δὲ προὔβη παιδείς, ὡς ὑπερακοντίσαι τοὺς κατ’ αὐτὴν φιλοσόφους, τὴν δὲ Πλατωνικὴν ἀπὸ Πλωτίνου καταγομένην διατριβὴν διαδέξασθαι, καὶ πάντα τὰ φιλόσοφα μαθήματα τοῖς βουλομένοις ἐκτίθεσθαι. Διὸ καὶ οἱ πανταχόθεν φιλοσοφεῖν βουλόμενοι, κατέτρεχον παρ’ αὐτήν»
  41. ^ Ierocle di Alessandria, De providentia, in Fozio, Bibliotheca, 171-173
  42. ^ Proclo, Theologia platonica
  43. ^ Garth Fowden, The pagan holy man in late antique society, in «Journal of hellenic Studies», 102, 1982
  44. ^ Così spiega il Praechter, Hypatia, cit., col. 245
  45. ^ Étienne Évrard, A quel titre Hypatie enseigna-t-elle la philosophie?, «Revue des Etudes Grecques», 90, 1977
  46. ^ Gemma Beretta, cit., p. 115
  47. ^ Damascio, Vita Isidori 77, pp. 1-8
  48. ^ Damascio, cit., 164, p. 218
  49. ^ Paul Tannery, L'article de Suidas sur Hypatia, «Annales de la Faculté de Lettres de Bordeaux», II, 1880
  50. ^ Sinesio, De dono 4, p. 547
  51. ^ Gemma Beretta, cit., p. 127; anche Angela Putino, La signora della Notte stellata, in Diotima, Mettere al mondo il mondo. L'ordine simbolico della madre, 1992, pp. 99-121
  52. ^ Le espressioni usate da Socrate Scolastico e da Damascio non autorizzano a pensare, come fa invece Maria Dzielska, cit., pp. 56-57, che gli ascoltatori di Ipazia costituissero necessariamente un circolo aristocratico dal quale erano escluse le donne
  53. ^ Codex theodosianus XVI 10, 10-11
  54. ^ Codex theodosianus XVI 10, 12
  55. ^ Socrate Scolastico, cit., V, 16
  56. ^ Ammiano Marcellino, Res gestae XXII, 16
  57. ^ Socrate Scolastico, cit.
  58. ^ Damascio, cit.
  59. ^ Socrate Scolastico, cit., VII, 7
  60. ^ Socrate Scolastico, cit., VII, 13
  61. ^ Socrate Scolastico, cit., VII, 15
  62. ^ ostrakois, letteralmente gusci di ostriche, ma il termine era usato anche per indicare frammenti di tegola o di vasi.
  63. ^ Ibidem
  64. ^ Damascio, cit., 79, 24-25
  65. ^ Damascio, cit., 79, 25; 81, 8.
  66. ^ Cfr. Giovanni Costa, Hypatia, la figlia di Theone, p. 22
  67. ^ Citato in Aldo Carioli, Morte a Ipazia!, Focus Storia n.34, agosto 2009, p.118.
  68. ^ Cfr. Aldo Carioli, Morte a Ipazia!, Focus Storia n.34, agosto 2009, p.118.

Bibliografia

  • Esichio di Mileto, Fragmenta, in «Fragmenta Historicorum Graecorum», Paris, Didot 1841-1870
  • Damascio, Vita Isidori, Hildesheim, Olms 1967
  • Filostorgio, Historia Ecclesiastica, in J. P. Migne, Patrologia Graeca, vol. LXV; Epitome in Fozio, Bibliotheca, 8 voll., Paris, Les Belles Lettres 1959
  • Palladas, in Antologia Palatina, Torino, Einaudi, 1978
  • Sinesio, Opere, Torino, UTET 1989
  • Socrate Scolastico, Historia Ecclesiastica, in J. P. Migne, Patrologia Graeca, vol. LXVII
  • Sozomeno, Historia Ecclesiastica, in J. P. Migne, Patrologia Graeca, vol. LXVII
  • Suda Lexicon, Lipsia, Teubner 1928
  • Teodoreto di Ciro, Historia Ecclesiastica, Berlin Akademie Verlag 1954
  • Teone di Alessandria, Commentaria in Ptolomaei syntaxin mathematicam I-II, Città del Vaticano, Biblioteca Apostolica Vaticana 1936
  • Teone, Commentaria in Ptolomaei syntaxin mathematicam III-IV, Città del Vaticano, Biblioteca Apostolica Vaticana 1943
  • Teone, Le Petit commentare de Théon d’Alexandrie aux Tables faciles de Ptolomée, tr. da A. Tihon, Città del Vaticano, Biblioteca Apostolica Vaticana 1978
  • Diodata Saluzzo Roero, Ipazia ovvero Delle Filosofie (romanzo in versi), Torino, Chirio e Mina 1827
  • Richard Hoche, Hypatia, die Tochter Theons, in «Philologus» 15, 1860
  • Guido Bigoni, Ipazia Alessandrina, Venezia, Antonelli 1887
  • Augusto Agabiti, Ipazia: la prima martire della libertà di pensiero, Roma, E. Voghera 1914
  • Karl Praechter, Hypatia in «Real Enzyklopädie der Altertums», IX, Stuttgart 1914
  • Christian Lacombrade, Synésios de Cyrène, hellène et chrétien, Paris, Les Belles Lettres 1951
  • John M. Rist, Hypatia, in «Phoenix», 19, 1965
  • Joseph Vogt e Matthias Schramm, Synesius vor dem Planisphaerium, in «Das Altertum und jedes neue Gute für Wolfgang Schadewaldt zum 15. März 1970», Stuttgart-Berlin-Köln-Mainz, Kohlhammer 1970
  • Otto Neugebauer, A history of ancient mathematical astronomy, Berlin-Heidelberg-New York, Springer 1975
  • Étienne Évrard, A quel titre Hypatie enseigna-t-elle la philosophie?, «Revue des Etudes Grecques», 90, 1977
  • Mario Luzi, Libro di Ipazia (poemetto), Milano, Biblioteca Universale Rizzoli 1978
  • Jay Bregman, Synesius of Cyrene. Philosopher Bishop, Berkeley-Los Angeles-London, University of California Press 1982
  • Robert J. Penella, When was Hypatia born?, in «Historia», XXXIII, 1984
  • Alessandra Colla, Quella femmina… fatta a pezzi, in «Risguardo IV», Ar, Brindisi 1985
  • Margaret Alic, L’eredità di Ipazia, Editori Riuniti, Roma 1989
  • Jean Rougé, La politique de Cyrille d'Alexandrie et le meurtre d'Hypatie, in «Cristianesimo nella storia», 11/3, 1990, pp. 485-504
  • Maria Dzielska, Ipazia e la sua cerchia intellettuale, in «Paganism in the Later Roman Empire and in Byzantium», Cracovia, Byzantina et Slavica Cracoviensia 1991
  • Angela Putino, La signora della Notte stellata, in Diotima, Mettere al mondo il mondo. L'ordine simbolico della madre, Milano, La Tartaruga 1992
  • Gemma Beretta, Ipazia d’Alessandria, Roma, Editori Riuniti 1993
  • Silvia Ronchey, Ipazia, l'intellettuale, in «Roma al femminile», a cura di A. Fraschetti, Roma-Bari, Laterza 1994, pp. 213-258;
  • Silvia Ronchey, Filosofa e martire: Ipazia tra storia della chiesa e femminismo, in «Vicende e figure femminili in Grecia e a Roma», a cura di R. Raffaelli, Atti del Convegno di Pesaro, 28-30 aprile 1994, Ancona, Commissione per le Pari Opportunità della Regione Marche 1995 pp. 449-465
  • Denis Roques, La famille d'Hipatie (Sinésios, epp. 5 et 16), in «Revue des Études Grecques», CVIII, 1995
  • Olivier Masson, Theoteknos, Fils de Dieu, in «Revue des Études Grecques», CX, 1997
  • Denis Rocques, Theoteknos, Fils de Dieu, in «Revue des Études Grecques», CXI, 1998
  • Morris Kline, Storia del pensiero matematico, 2 voll., Torino, Einaudi 1999 ISBN 88 061 5417 6
  • Tassilo Schmitt, Die Bekehrung des Synesios von Kyrene. Politik und Philosophie, Hof und Provinz als Handlungsräume eines Aristokraten bis zu seiner Wahl zum Metropoliten von Ptolemaïs, München-Leipzig, K. G. Saur 2001 ISBN 978 3 598 77695 3
  • Aida Stoppa, Ipazia e la rete d'oro (racconto), in Aida Stoppa, Sette universi di passione, Colledara, Andromeda 2004, pp. 20-34
  • Adriano Petta, Antonio Colavito, Ipazia. Vita e sogni di una scienziata del IV secolo, prefazione di Margherita Hack, (romanzo) Roma, La Lepre Edizioni 2009 ISBN 88-96052-13-0
  • Michael A.B. Deakin, Hypatia of Alexandria, mathematician and martyr. Prometeus Books 2007 ISBN 978-1-59102-520-7
  • Giovanni Costa, Hypatia, la figlia di Theone, [1]

Voci correlate

Altri progetti

Collegamenti esterni

fonte: http://it.wikipedia.org/wiki/Ipazia .